En la pequeña ciudad de Mexicali, donde todos parecen conocerse, Christbelen y David compartieron etapas de bachillerato y universidad en la misma alma mater, sin cruzarse por casualidad. Quizá si el destino los hubiera encontrado antes, las cosas habrían sido diferentes; quizá no. En aquel momento, ambos sabían que aún no estaban listos para encontrarse: Christbelen destacaba como deportista de alto rendimiento en natación y aguas abiertas mientras cosechaba grandes calificaciones, y David, mientras continuaba entrenando tenis, buscaba descubrir qué quería realmente para su vida.
El destino, juguetón y caprichoso, siguió su juego: aunque estudiaron carreras distintas —Christbelen psicología y David ingeniería— sus facultades estaban cerca, pero nunca coincidieron… hasta que ambos fueron enviados de intercambio a España. Allí, aunque en ciudades distintas, Christbelen forjó una amistad con Suseth, una de las mejores amigas de David, y durante ese tiempo estuvieron a punto de encontrarse, pero nuevamente el destino los esquivó. De regreso en Mexicali, mientras se preparaban para la graduación, una sesión de fotos universitaria capturó sin querer el inicio de su historia: una foto de David junto a Suseth, y, de fondo, Christbelen, como un presagio de lo que vendría.
Meses después, todo cambió en una tamboreada. David, por primera vez, la vio conscientemente: bailando, iluminando la pista con su alegría y su mirada coqueta. Ese primer encuentro fue breve, pero suficiente para despertar un interés que jamás se apagaría. El verdadero giro llegó en una reunión casual en casa de los padres de David, que poco a poco se transformó en una fiesta con invitados inesperados. Entre ellos estaba Efraín, quien pidió invitar a un par de amigas. Uno de esos momentos que parecen simples coincidencias dio la oportunidad de reencontrarse. Christbelen llegó con sus amigas y, curiosamente, fue ella quien se acercó primero y preguntó si había alguna mesa para jugar beer pong. En ese instante, el mundo pareció detenerse: una simple pregunta en medio de la fiesta se convirtió en el inicio de su vínculo.
Un mes después, volvieron a coincidir en otra fiesta. Esta vez estaban todas sus amigas, con quienes David logró interactuar con la esperanza de acercarse a Christbelen, pero no tuvo suerte. Al día siguiente, decidió buscarla en Instagram. Después de haberla visto varias veces, compartir amistades y que incluso conociera su casa, le pareció lógico seguirla y esperar que lo siguiera de vuelta. Dado a sus pocas habilidades de galán, el plan era acercarse poco a poco: reaccionar a sus historias y, eventualmente, invitarla a salir. Intentó agregarla en redes sociales una y otra vez, pero sin éxito… hasta que, de manera inesperada y maravillosa, Christbelen no solo aceptó las solicitudes, sino que también envió el primer mensaje. Lo que David había planeado cuidadosamente, ella lo adelantó con dos movimientos en uno: romper el hielo y tomar la iniciativa.
A partir de ese momento, las conversaciones fluyeron durante horas, entre risas y desvelos, hasta que finalmente trasladaron sus charlas a WhatsApp. Poco a poco, comenzaron a construir un mundo solo suyo. Después de varios meses de salir, el 17 de enero de 2020, David decidió llevarle serenata a Christbelen para pedirle que fuera su novia. Sabía, en lo más profundo de su corazón, que estaba pidiendo un “sí” a la mujer que eventualmente sería su compañera de vida.
Y así comenzó su historia: entre destinos caprichosos, coincidencias inesperadas, fiestas, redes sociales… y una simple pregunta sobre una mesa de beer pong que cambió todo. Como muchas parejas en el mundo, también vivieron momentos complicados: su relación surgió en vísperas de la pandemia, enfrentando pérdidas familiares, citas en línea, y pequeñas muestras de cuidado como llevarse comida cuando uno estaba enfermo. Entre esos desafíos, también compartieron alegrías únicas: viajaron con la familia para ver a su hermana Martha competir en las Olimpiadas de París, y experimentaron la incertidumbre de perder un vuelo sin saber cuándo podrían regresar a casa. Entre esos eventos y muchos otros, Christbelen y David han forjado una relación sólida, basada en la comunicación, la admiración mutua y el amor que los ha acompañado desde aquel primer encuentro.


